miércoles 17 de agosto de 2011

DE PUENTE A PUENTE PASA LA VIDA

Hace tiempo que llevaba en la cabeza escribir una entrada en el blog sobre este tema.
Desde hace mucho tiempo hago un itinerario con la bici de montaña que, para salir de la ciudad, me obliga a ir desde el Parque José Antonio Labordeta, por la ribera del Canal hasta coger el camino a Valdegurriana.
Cuando voy en la bici, en ese pensar irracional, ese reflexionar emocional y sensitivo, veo, frecuentemente , en el Parque José Antonio Labordeta, a niños con sus padres o abuelos. Les ayudan a aprender a ir en bici, a sostenerse en un correpasillos o a subir la cuesta con uno de los coches de alquiler. Me parece que todo es explosión, algarabía, alegría, risas y alguna leve caida socorrida solicitamente por el papá o la mamá.
Al continuar por el carril bici, ya por el paseo de Colón, paso por la Residencia Hospital San Juan de Dios. Antes del puente de Avenida América.
Ahora son los hijos, o los nietos, los que empujan de las sillas de sus padres, acercándolos al canal a que vean los patos, encarandolos al sol los días de cierzo o dandoles la merienda o el agua ( como a buen seguro sus padres hicieron hace quizás 40 ó 50 años). Les abrigan, conversan, en un corro de sillas y andadores próximos a la Residencia.
A veces, en la bici, en ese paseo perceptivo, pienso en que en apenas 300 metros pasa toda una vida, se invierten los papeles, discurre, inexorable el tiempo, que por efímero se nos escapa de las manos.
También pienso, inevitablemente, en aquellos mayores que dentro, en la residencia, no tendrán a nadie que les hable, pasee, abrigue, hidrate, o les de la merienda.

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