jueves 13 de octubre de 2011

LA ABUELA SE VA DE BOTELLÓN.

Es frecuente ver a jóvenes, a menudo extranjeros, cuidando a nuestros mayores.
Acompañandolos en los paseos, empujando las sillitas, haciéndoles compañía, etc.

En algunos períodos de convalencencia de mi madre, por las malditas caídas, he recurrido a una peruana jóven, cariñosa, atenta, paciente, encantadora.

No obstante, la semana pasada, al volver a casa con la bicicleta de un largo paseo, confieso que vine impactado.

En una plaza cercana, 6 u 8 sudamericanos estaban haciendo botellón en un banco. Hasta ahí nada extraordinario. Pero mi sorpresa fue brutal cuando reparé que un extremo del banco estaba una anciana muy mayor, en silla de ruedas, cabizbaja, ausente, babeando...

Y de regreso pensé en la señora, en sus hijos que, probablemente, pensaran que su madre o su tía está dignamente atendida; y también en la bajeza de los que descuidando el trabajo para el que han sido contratado, aprovechan para hacer botellón con sus amistades.

Realmente pensé qué tipo de sociedad estamos construyendo. Que enfermedad nos aqueja.

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